19 años sin justicia para Paulina Lebbos

Este 26 de febrero se cumplió un nuevo aniversario del brutal asesinato de Paulina Lebbos, un crimen que sacudió a Tucumán y al país entero. Como periodista, me tocó seguir de cerca parte de la batalla judicial y ser testigo de las irregularidades y dilaciones que han marcado el caso.

El 26 de febrero de 2006, Paulina, estudiante de Comunicación Social de 23 años, salió a celebrar un examen aprobado junto a una amiga en un boliche del ex Abasto, en San Miguel de Tucumán. Nunca regresó a casa. Su cuerpo apareció 13 días después, el 11 de marzo, al costado de la ruta provincial 341, en la localidad de Tapia. Presentaba signos de violencia y había sido brutalmente asesinada.

Desde entonces, su padre, Alberto Lebbos, emprendió una lucha incansable por la verdad y la justicia. Enfrentó encubrimientos, maniobras políticas y un sistema que, en lugar de esclarecer el crimen, protegió a los responsables. Durante 19 años, no dejó de marchar, denunciar y exigir justicia.

El caso de Paulina es el reflejo más crudo de la impunidad. Aunque varios exfuncionarios fueron condenados por encubrimiento, como el exsecretario de Seguridad Eduardo Di Lella y el exjefe de Policía Hugo Sánchez, los asesinos siguen impunes. El poder político y judicial nunca dio respuestas ni actuó con la firmeza necesaria.

La persistencia de Alberto Lebbos es un ejemplo de amor, coraje y dignidad, pero también deja al descubierto las profundas fallas de un sistema que protege a los poderosos y deja a las víctimas sin justicia.

A 19 años del crimen de Paulina, no podemos olvidar ni resignarnos. Su memoria y la lucha de su padre nos interpelan: exigir justicia es un deber colectivo. Ningún crimen debe quedar sin resolver. Ningún culpable debe quedar impune.